Dos terremotos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela, afectando principalmente la capital y zonas aledañas. El epicentro estuvo cerca de Montalbán, a escasos kilómetros de importantes complejos de refinación petrolera. Esta doble sacudida provocó el colapso parcial o total de varios edificios, especialmente en Caracas, y dejó al menos tres muertos confirmados en el municipio de Baruta.
Las autoridades activaron un estado de emergencia para coordinar la atención y evaluación de daños en múltiples ciudades. Equipos de seguridad y rescate permanecen desplegados en las zonas afectadas para buscar sobrevivientes entre los escombros y brindar asistencia a las personas damnificadas. Hasta el momento, no se ha reportado un número oficial de heridos, aunque se registraron cortes en servicios públicos y daños materiales.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) indicó que el segundo sismo, ocurrido apenas 40 segundos después del primero, fue el de mayor intensidad, con una magnitud preliminar de 7,5. Por su parte, los Centros de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos descartaron el riesgo de olas peligrosas para las costas caribeñas, levantando la advertencia que inicialmente habían emitido para regiones como Puerto Rico y las Islas Vírgenes.
La alcaldía de Baruta comunicó oficialmente la muerte de tres personas tras el desplome de dos edificios en el sector Las Minas, una de las áreas más perjudicadas. Las autoridades locales realizan evaluaciones constantes de la seguridad estructural mientras continúan las tareas de rescate.
La presidenta encargada de Venezuela declaró el estado de emergencia y aseguró que los servicios públicos mantienen su funcionamiento en todo el territorio. Mientras tanto, líderes políticos nacionales y regionales han expresado su solidaridad con los afectados, incluyendo mensajes de apoyo y ofertas de ayuda humanitaria de países centroamericanos y organismos como el PARLACEN.
Venezuela es una zona con riesgo sísmico frecuente, habiendo experimentado en el pasado terremotos devastadores como el de Cariaco en 1997 y el de Caracas en 1967, que dejaron cientos de víctimas. Esta nueva emergencia subraya la vulnerabilidad estructural en ciertas áreas urbanas y la necesidad de fortalecer los mecanismos de prevención y respuesta.