El consumo mundial de petróleo experimentará una caída anual por primera vez desde 2020, indicó la Agencia Internacional de Energía (AIE). Esta reducción se produce en medio de nuevos enfrentamientos en el Golfo Pérsico que dificultan la normalización del suministro energético y afectan los mercados globales.

Tras un breve acuerdo de alto al fuego entre Estados Unidos e Irán que había aliviado la presión sobre los precios del barril, las recientes hostilidades volvieron a levantar el valor del petróleo, situándolo en niveles superiores a los registrados ante la tregua. Esta inestabilidad ha provocado que la demanda mundial disminuya cerca de un millón de barriles diarios este año, un descenso menor al impacto sufrido durante la pandemia, cuando la caída fue mucho más pronunciada debido a las cuarentenas y restricciones en todo el mundo.

El cierre y las restricciones en el tránsito a través del Estrecho de Ormuz, una ruta vital para las exportaciones de crudo, han representado un golpe significativo para la economía internacional. Aunque se registró un aumento parcial en el suministro de petróleo gracias a la reapertura de esta vía, la producción total se mantiene todavía por debajo de los niveles anteriores al conflicto bélico en la región.

El informe de la AIE destaca que mientras las exportaciones en la zona crecieron, el volumen aún queda lejos de la media previa a la guerra. Se pronostica que si el tránsito por el Golfo Pérsico mejora, la oferta global podría aumentar considerablemente el próximo año, con un aumento potencial de varios millones de barriles diarios.

Pese a la previsión de un posible superávit hacia finales de 2026, la agencia subraya que esta expectativa está condicionada a la estabilidad en los flujos de transporte de petróleo. El escenario actual pone en evidencia los riesgos que implica no alcanzar una paz duradera en esa región para la estabilidad del mercado energético mundial.