Al menos 18 personas perdieron la vida y más de 100 resultaron heridas en Ucrania tras una serie de ataques lanzados por Rusia contra diversas ciudades, en una de las jornadas más violentas desde el inicio del conflicto. La ciudad de Dnipró en el este del país fue la más afectada, aunque Kiev y la región de Járkov también sufrieron graves daños.

El gobernador de Dnipró, Oleksandr Ganzha, confirmó que ocho fallecieron y varios heridos permanecen en estado grave, producto de bombardeos que dañaron complejos de departamentos y provocaron incendios durante la noche. En Kiev, la ofensiva obligó a activar las alertas antiaéreas y generó incendios en distintos sectores, afectando además la infraestructura con cortes de energía y dejando a personas atrapadas bajo los escombros.

Los ataques en la capital involucraron misiles balísticos, según informó el jefe de la administración militar de Kiev, Timur Tkachenko. El alcalde Vitali Klitschko reportó al menos cuatro heridos en la ciudad. Mientras tanto, en Járkov se registraron varios heridos a causa de las explosiones, ampliando así el impacto sobre la población civil ucraniana.

Estas ofensivas se produjeron pocos días después de que Moscú advirtiera sobre ataques «sistemáticos» contra objetivos en Ucrania. El Kremlin sostiene que estos actos responden a acciones recientes atribuidas a Kiev en territorios bajo control ruso, acusaciones que el gobierno ucraniano rechaza de manera categórica. El presidente Vladimir Putin aseguró que estos eventos representaron «una nueva página» en el enfrentamiento bélico.

Durante los bombardeos, miles de ucranianos buscaron refugio en estaciones de metro y refugios subterráneos, mientras los sistemas de defensa antiaérea intentaban neutralizar misiles y drones enemigos. Esta escalada evidencia una intensificación en la frecuencia y el alcance de los ataques, afectando principalmente áreas urbanas y aumentando el sufrimiento de la población civil.