El tradicional desfile militar que conmemora el Día de la Victoria sobre la Alemania nazi se celebró este año en Moscú con una notable disminución en la exhibición de fuerzas. A diferencia de otros años, el evento prescindió de tanques, lanzamisiles estratégicos y otro armamento pesado, una medida que no se veía desde hace casi dos décadas. Esta reducción responde a la presión operativa que afronta Rusia en el frente de Ucrania y a las amenazas de ataques con drones que han afectado la seguridad de la ciudad.

Vladimir Putin presidió la ceremonia en la Plaza Roja y utilizó la ocasión para reafirmar la continuidad histórica entre la victoria soviética de 1945 y el conflicto actual en Ucrania. En su discurso, vinculó la lucha de las tropas rusas con la "Gran Guerra Patria" y enfatizó que las fuerzas armadas actuales siguen la tradición de sus antecesores soviéticos, justificando la campaña militar con la defensa contra una "fuerza agresiva apoyada por la OTAN".

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El desfile contó además con una reducida representación internacional. En contraste con el año anterior, cuando asistieron 27 mandatarios, este año estuvieron solo algunos líderes de países aliados o aliados estratégicos, como Bielorrusia, Kazajistán, Uzbekistán y Malasia. El primer ministro de Eslovaquia fue el único representante oficial de la Unión Europea presente. Asimismo, el alcalde de Moscú informó que las defensas antiaéreas repelieron ataques ucranianos en los días previos al acto.

Horas después del desfile, se registraron ataques con misiles y drones contra regiones ucranianas como Sumy y Odessa, rompiendo un alto el fuego declarado solo días antes. Estos bombardeos causaron muertes civiles y daños en viviendas, evidenciando la fragilidad del acuerdo temporal de cese de hostilidades.