La capital ucraniana, Kiev, sufrió uno de los ataques aéreos más agresivos desde el inicio del conflicto con Rusia, en un operativo que incluyó cientos de drones y misiles que impactaron en múltiples zonas urbanas y estratégicas. El bombardeo dejó al menos tres muertos y decenas de heridos, afectando especialmente un edificio residencial de nueve pisos, que parcialmente se derrumbó afectando a civiles.

Durante la noche, las fuerzas rusas lanzaron más de 670 drones y 56 misiles en todo el país, siendo Kiev el principal objetivo, donde se registraron daños en al menos 20 lugares, y la interrupción del suministro de agua potable. Las líneas energéticas también sufrieron, con cortes que afectaron a once regiones. Las autoridades activaron generadores para restablecer los servicios críticos mientras los equipos de rescate continúan con las labores bajo los escombros.

La defensa aérea ucraniana reportó haber derribado 41 misiles y 652 drones, un esfuerzo que pese a contener parte del ataque, no evitó la destrucción en infraestructuras esenciales para la vida cotidiana y la logística del país.

Además de la capital, las ofensivas alcanzaron instalaciones portuarias en la región de Odesa, infraestructura ferroviaria y energética en Kremenchuk, lo que evidencia la intención de Moscú de afectar la capacidad logística y económica de Ucrania.

El presidente ucraniano Volodymyr Zelenskiy denunció la magnitud del ataque como una señal clara de que Rusia no contempla el fin del conflicto, por lo que insistió ante sus aliados la necesidad de reforzar la defensa aérea ucraniana para proteger a la población y la infraestructura.

El alcalde de Kiev, Vitalii Klitschko, advirtió sobre la posibilidad de que haya más víctimas atrapadas en los restos del edificio afectado y describió la rápida movilización de los equipos de emergencia para rescatar a quienes quedaron bajo los escombros, en medio de un escenario donde la guerra mantiene su tono violento y persistente.