Rusia anunció una serie de ataques dirigidos a centros de mando y empresas vinculadas a la industria militar en Kiev, como respuesta al ataque reciente contra una residencia estudiantil en la región ocupada de Lugansk. Además, solicitó a la comunidad extranjera y al personal diplomático que abandonen “cuanto antes” la capital ucraniana.
El Ministerio de Exteriores ruso informó que estas operaciones se orientan a destruir las infraestructuras donde se diseñan, fabrican y preparan drones, además de dirigirse contra los centros de toma de decisiones y puestos de mando en Kiev. Según el comunicado, esta estrategia responde al “ataque sangriento” atribuido a Ucrania en Lugansk, que provocó muertes y daños materiales.
Moscú calificó al gobierno ucraniano como de “naturaleza nazi y terrorista”, acusándolo de perpetrar ataques contra civiles, incluso contra niños, y responsabilizó a Occidente por respaldar a Ucrania mediante el suministro de armamento, lo que, a su juicio, facilita crímenes que violan el derecho internacional humanitario. En ese marco, recomendó a los habitantes de Kiev evitar acercarse a infraestructuras militares y administrativas para protegerse de los ataques.
Previo a esta escalada, Rusia había pedido a extranjeros y diplomáticos salir de Kiev antes de la conmemoración del Día de la Victoria, debido a posibles ataques masivos. En la madrugada siguiente, el ejército ruso lanzó un bombardeo con misiles balísticos, de crucero e hipersónicos, acompañados por un gran número de drones, como represalia por el ataque en Lugansk que causó la muerte de 21 personas, entre ellas estudiantes universitarios.
Las autoridades locales ucranianas reportaron daños en varios edificios residenciales, escuelas y espacios culturales, como el Museo de Chernóbil, que quedó prácticamente destruido, además del Museo de Arte Nacional. El presidente ucraniano Volodimir Zelenski condenó estas acciones y responsabilizó a Vladimir Putin por continuar atacando infraestructuras civiles con misiles.