Ucrania sufrió un ataque masivo durante la noche, cuando Rusia lanzó cerca de 700 drones y más de 70 misiles contra múltiples objetivos en el país, entre ellos la capital, Kiev, y varias regiones estratégicas. La embestida provocó al menos nueve muertos y alrededor de 100 heridos, además de daños en infraestructura militar, energética y de transporte.

La Fuerza Aérea de Ucrania informó que detectó un total de 73 misiles y 656 drones enviados por el ejército ruso, logrando derribar 602 drones y 40 misiles durante la defensa. El ataque incluyó misiles hipersónicos, armas difíciles de interceptar, y fue confirmado oficialmente por Moscú, que destacó el objetivo en su comunicado: el complejo militar-industrial ucraniano.

Además de Kiev, las regiones más afectadas fueron Zaporiyia, Járkov y Dnipropetrovsk, donde también se atacaron sitios vinculados al ejército ucraniano. Este nuevo episodio se produce en medio de un conflicto prolongado y mortífero, que se ha mantenido con hostilidades constantes desde la ofensiva rusa en 2022.

El presidente ucraniano había alertado días antes sobre la preparación rusa de un nuevo ataque masivo y reiteró el llamado para que la población atienda las alarmas aéreas y tome medidas de protección. También insistió en la necesidad de apoyo internacional para el suministro de misiles antiaéreos Patriot, diseñados para interceptar las ofensivas balísticas rusas.

Paralelamente, Ucrania ha intensificado sus propios ataques contra posiciones rusas y territorios ocupados, incluyendo recientes operaciones con drones en la región rusa de Kursk, donde murió una persona. Esta dinámica de ataques y represalias continúa en un escenario donde las negociaciones de paz permanecen estancadas, y el conflicto se mantiene como el más letal en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.