Los combates entre Israel y Hezbolá no cesaron, incluso después de que funcionarios estadounidenses y libaneses informaran sobre un acuerdo para un cese mutuo de hostilidades. Mientras tanto, en Washington, delegados de ambos países se reunieron en una cuarta ronda de negociaciones, consideradas la principal vía para lograr la paz en la región.
El presidente libanés Joseph Aoun denunció la ofensiva israelí como una «feroz agresión» y reafirmó que no hay alternativa a la diplomacia para terminar con el conflicto. Por su parte, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu justificó las operaciones militares alegando repetidas violaciones del alto el fuego por parte de Hezbolá y ataques sobre su territorio.
En paralelo, el presidente estadounidense Donald Trump manifestó optimismo tras asegurar que ambas partes habían acordado detener sus ataques contra soldados y civiles, aunque la realidad sobre el terreno fue distinta, con enfrentamientos que persistieron durante la noche siguiente a los anuncios oficiales. Además, Trump reveló haber frenado a Netanyahu para evitar una gran incursión israelí en Beirut, con el fin de no desestabilizar las negociaciones en curso.
Las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán también están en un punto delicado, con discrepancias sobre su continuidad. Mientras Trump afirmó que el diálogo con Teherán avanzaba rápidamente, fuentes iraníes negaron esa versión, alegando que la ofensiva israelí en Líbano había suspendido las negociaciones.
El riesgo de una escalada mayor se mantiene latente, en un escenario donde Irán condiciona cualquier acuerdo de paz regional a un alto el fuego efectivo en Líbano, lo que pone en tensión los esfuerzos para lograr un arreglo duradero.