Alberto Fernández responsabilizó al electorado por elegir un proyecto económico que, en su opinión, ha llevado al país a una profunda recesión. Durante su última aparición pública en Buenos Aires, el exmandatario aseguró que quienes votaron al actual gobierno «votaron a su verdugo», en referencia al impacto negativo de las políticas aplicadas desde la asunción de Javier Milei.

El exjefe de Estado contrastó la coyuntura actual con la situación que le tocó gestionar, destacando que en su administración la economía mantenía niveles históricos de empleo y salarios reales crecientes. Reconoció que la inflación fue un problema grave y traumático, pero reivindicó que su gestión nunca intervino las negociaciones salariales, lo que permitió que los trabajadores ganaran en términos reales durante su mandato.

En su crítica, Fernández alertó sobre el deterioro del sector productivo y enfatizó el cierre masivo de empresas, especialmente pequeñas y medianas, que componen la columna vertebral del empleo en el país. Explicó que el estancamiento económico afecta directa y severamente a la clase media y a las economías regionales, poniendo en riesgo el consumo y la estabilidad social.

Para fundamentar su análisis, destacó que durante el último periodo 30.000 empresas cerraron sus puertas, la mayoría micro empredimientos con menos de diez empleados, reflejando un daño significativo al tejido productivo nacional. Según su diagnóstico, las actuales políticas económicas promovieron un ajusteo que desmantela ese entramado, en contraste con su gestión, que intentó protegerlo.

Fernández cuestionó los discursos oficiales que ofrecían soluciones rápidas para la crisis macroeconómica y describió la actual etapa como una «economía estancada, sin crecimiento ni producción», lo que genera desempleo y afecta a los sectores más vulnerables. Así, insistió en que su gobierno impulsó una estrategia orientada a sostener el poder adquisitivo y el empleo formal, metas que, a su juicio, se han perdido con el cambio político.