Durante la cumbre de dos días en Pekín, el presidente chino Xi Jinping planteó una advertencia contundente sobre el riesgo que supone el manejo del tema de Taiwán para las relaciones entre China y Estados Unidos. Destacó que un mal manejo de esta cuestión podría derivar en un conflicto entre ambas potencias, poniendo en peligro la estabilidad bilateral.

Por su parte, la agenda de Donald Trump se centró en resaltar el progreso en las conversaciones comerciales y en la reapertura de la vía marítima estratégica del estrecho de Ormuz, actualmente afectada por la guerra con Irán. Trump mostró interés en que China diversifique sus fuentes energéticas, incluyendo la compra de petróleo estadounidense, para reducir su dependencia del Medio Oriente.

Las negociaciones celebradas previamente en Corea del Sur entre los equipos económicos y comerciales de ambos países lograron avances considerados «equilibrados y positivos», según informó el Ministerio de Asuntos Exteriores de China. Estas conversaciones buscan sostener la frágil tregua comercial establecida meses atrás y crear mecanismos de apoyo al comercio y la inversión futura.

Sin embargo, la reunión también dejó en evidencia las diferencias por la venta de armas de Estados Unidos a Taiwán, un asunto sensible para Pekín, que insiste en su oposición firme. Aunque Washington está legalmente comprometido a proveer medios de defensa a Taiwán, la incertidumbre sobre un paquete de armas aún pendiente de aprobación mantiene viva la tensión.

La ceremonia oficial en el Gran Salón del Pueblo contó con un ambiente formal y cordial, con elementos tradicionales como la guardia de honor y la presencia de niños con flores y banderas. A pesar de ese tono amistoso, las tensiones latentes, especialmente sobre Taiwán, quedaron expuestas durante la reunión privada que duró más de dos horas.