La enfermedad celíaca es una intolerancia permanente al gluten, una proteína que se encuentra en el trigo, avena, centeno y cebada, y que, al consumirse repetidamente, daña la mucosa del intestino delgado y dificulta la absorción de nutrientes. En Argentina, afecta aproximadamente a una persona de cada 167, pero muchos casos no se diagnostican debido a la diversidad y discreción de sus síntomas.
Esta condición se ha ganado el apodo de «la gran simuladora» porque sus manifestaciones varían según la edad y pueden confundirse con otras enfermedades. En niños, se presenta frecuentemente con retraso en el crecimiento, vómitos, dolor abdominal persistente e irritabilidad. En contraste, en adultos los síntomas más comunes son diarrea crónica, distensión abdominal, anemia persistente y pérdida de peso sin causa aparente. Existen además casos asintomáticos donde el daño intestinal ocurre sin señales evidentes.
El diagnóstico temprano resulta fundamental para evitar complicaciones como osteoporosis precoz o anemia severa. Para confirmar la enfermedad, el protocolo médico incluye dos pruebas obligatorias: un análisis de sangre para detectar anticuerpos específicos y una biopsia intestinal a través de videoendoscopia, que permite evaluar el daño en la mucosa.
El único tratamiento disponible consiste en una dieta estricta y permanente libre de gluten. Esta proteína puede estar presente en productos inesperados, como ciertos medicamentos, suplementos, pastas dentales o cosméticos. Por ello, es indispensable consultar listados oficiales de productos sin gluten, ofrecidos por entidades como la ANMAT y asociaciones especializadas en celiaquía, para evitar riesgos.
Además, dado que la enfermedad tiene un componente genético fuerte, se recomienda que los familiares directos de una persona diagnosticada también realicen chequeos, incluso si no presentan síntomas.
Especialistas del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires indican que, si bien la prevalencia de la celiaquía no ha aumentado, la detección se ha incrementado gracias a una mayor formación médica y conciencia social, así como a una mejora en la accesibilidad de las pruebas serológicas.
La celiaquía puede manifestarse con síntomas poco típicos, como anemia, aftas bucales, alteraciones en el esmalte dental, infertilidad, abortos recurrentes, problemas hepáticos o síntomas digestivos leves. Inclusive puede permanecer oculta durante años, lo que complica su diagnóstico sin una sospecha médica precisa.