La situación humanitaria en Gaza y Cisjordania sigue siendo crítica debido a la persistencia de la violencia y las restricciones impuestas desde hace años. Aunque un alto al fuego entró en vigor en octubre de 2025, los ataques continúan casi a diario, afectando desproporcionadamente a niños y niñas. Los hospitales de campaña y centros médicos en la región reportan un alto número de menores heridos por explosiones, balas y fragmentos, lo que evidencia la vulnerabilidad de la niñez palestina en estos territorios.

Desde la instauración del alto al fuego, el área ha quedado dividida a través de una frontera invisible conocida como la “línea amarilla”, controlada militarmente por Israel, que abarca más de la mitad del territorio de Gaza. Esta zona limita la movilidad y el acceso a servicios médicos esenciales para miles de habitantes, quienes carecen de diagnósticos y tratamientos especializados dentro de la franja. Un ejemplo relevante es el caso de un niño con hemofilia que necesita análisis que no existen localmente.

En Cisjordania, la violencia se ha intensificado especialmente por los ataques de colonos israelíes. Durante marzo se registró el mayor número de palestinos heridos por colonos en dos décadas, mientras que la militarización y las restricciones afectan la vida cotidiana de la población. El miedo a cruzar ciertas áreas se ha vuelto una constante, evidenciando el nivel de inseguridad y el impacto psicológico que sufren las comunidades palestinas en esta región.

Los equipos médicos y organizaciones humanitarias continúan atendiendo a personas heridas por violencia directa y sus consecuencias. Entre enero y abril, un significativo porcentaje de los ingresos en centros de trauma fueron menores de quince años, en su mayoría lesionados por explosiones o disparos. La atención sigue siendo prioridad en hospitales como los del campo de Deir al-Balah y Ciudad de Gaza, donde se movilizan recursos para enfrentar estos desafios diarios.

Además, la situación sanitaria se agrava debido a las limitaciones para acceder a atención especializada y medicamentos, particularmente en Gaza, donde la infraestructura médica está dañada y fragmentada. La combinación de agresiones constantes, condiciones de desplazamiento restringidas y falta de servicios pone en riesgo la vida de muchas personas, especialmente de los grupos más vulnerables como los niños, quienes sufren traumas tanto físicos como psicológicos. Esta realidad subraya la complejidad del conflicto y la importancia de mantener la atención internacional sobre la protección de los derechos humanos en estos territorios.