El aumento del uso de pantallas y la presencia constante de entornos digitales en la vida de niñas, niños y adolescentes plantean nuevos desafíos para las familias. En respuesta, en Santa Fe se llevó a cabo un conversatorio llamado “Criar entre pantallas. Niñez, Digitalidad y Salud Mental”, orientado a madres, padres y familias de menores de entre 8 y 12 años, con el objetivo de abordar el impacto de la digitalidad en la salud mental de las infancias.

El encuentro, que se realizó en el Centro Cultural y de Estudios DEMOS, reunió a profesionales especializados en salud mental y digitalidad, junto con el senador Julio "Paco" Garibaldi, quien impulsó la iniciativa. Garibaldi advirtió sobre el creciente problema de la ludopatía y el acceso a apuestas online entre los menores, señalando que muchos adultos desconocen la naturaleza real de las actividades que sus hijos realizan en línea, desde la interacción social hasta riesgos ocultos como el juego compulsivo.

Según la licenciada en Psicología Soledad Rodríguez, el desafío no radica en prohibir el uso de dispositivos electrónicos, sino en entender los múltiples roles que cumplen estos espacios digitales. Destacó que plataformas como TikTok e Instagram son espacios donde los jóvenes socializan, construyen su identidad y experimentan el juego, por lo que su uso forma parte del día a día. Sin embargo, insistió en que el acompañamiento adulto es fundamental para evitar que el contacto con las redes sociales derive en daños para la salud mental, especialmente cuando el tiempo de pantalla se vuelve excesivo y sin orientación.

Rodríguez enfatizó que el diálogo con las familias debe ser abierto y colaborativo, lejos de recetas cerradas, para construir en conjunto estrategias que posibiliten un vínculo saludable con la tecnología. Alertó que el primer paso para acompañar a los niños es que los adultos conozcan bien el mundo digital y los riesgos asociados.

En el conversatorio se reforzó la idea de que la supervición y el acompañamiento en el uso de pantallas es una tarea que exige compromiso familiar y comunidad, pues solo así se podrán fomentar hábitos tecnológicos seguros que protejan el bienestar emocional y mental de las nuevas generaciones.