Panamá enfrenta un escenario preocupante en Salud Pública, donde las muertes por influenza alcanzan un total acumulado de 43 en lo que va del año, según el último informe del Ministerio de Salud (Minsa). Más de la mitad de los fallecimientos, un 55.8%, corresponden a adultos mayores de 65 años, un grupo especialmente vulnerable a complicaciones graves derivadas del virus.

El segundo grupo con mayor mortalidad son los menores de un año, lo que destaca la necesidad de atención prioritaria en estos segmentos poblacionales. El médico epidemiólogo Arturo Rebollón señaló que ninguna de las personas fallecidas por influenza en la actual temporada había recibido la vacuna correspondiente, mientras que un alto porcentaje tampoco lo hizo durante la campaña anterior. Además, más de tres cuartas partes de los pacientes presentaban enfermedades metabólicas, cardiovasculares o renales, factores que agravan el pronóstico al combinarse con la infección viral.

El informe también detalla una circulación elevada de otras enfermedades respiratorias. Durante la semana epidemiológica 19 se reportaron más de 750 nuevos casos de síndrome gripal, acumulando más de 15,000 en el año, mientras que las Infecciones Respiratorias Agudas Graves (IRAG), que incluyen neumonías y bronconeumonías, sumaron casi 7,000 casos. Estas cifras reflejan una demanda creciente sobre los servicios de salud y alertan sobre la posible saturación de los recursos clínicos.

Simultáneamente, enfermedades transmitidas por vectores como el dengue mantienen niveles altos. El acumulado anual supera los 2,500 casos, con una proporción significativa de pacientes que presentan signos de alarma o desarrollan formas graves. La malaria también continúa afectando a la población panameña, con más de 3,700 casos registrados en lo que va del año.

Rebollón indicó que estos dos frentes, el respiratorio y el vectorial, representan desafíos simultáneos para el sistema sanitario nacional, que debe priorizar tanto la vacunación contra la influenza como el control ambiental y sanitario para prevenir brotes de dengue, malaria y otras enfermedades infecciosas.

La ausencia de vacunación entre los grupos de riesgo, la coexistencia de enfermedades crónicas y la alta circulación de patógenos evidencian la urgencia de fortalecer las campañas de prevención y mejorar la atención integral para reducir la mortalidad y morbilidad asociadas a estos males.