El Canal Beagle se ha convertido nuevamente en un punto clave para la observación y alimentación de las ballenas jorobadas, una especie que comenzó a retornar de forma sostenida a esta zona patagónica. Investigaciones recientes demuestran que estas aguas recuperan su importancia como corredor natural y refugio para estos cetáceos que habían disminuido notablemente en la región.
Un estudio conjunto del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic-Conicet), WCS Argentina y la Fundación Compromiso Onashaga identificó varias ballenas jorobadas nuevas en el área durante 2025, sumando a un catálogo científico que desde 2013 ha registrado más de doscientos ejemplares diferentes. Este aumento se hizo visible a partir de 2018, confirmando un proceso gradual de recuperación de la población en las aguas australes argentinas.
El monitoreo se apoya en un sistema de ciencia ciudadana que involucra a científicos, turistas, fotógrafos y habitantes de Ushuaia, quienes documentan a las ballenas mediante la fotoidentificación de sus aletas caudales. Esta técnica permite conocer sus patrones migratorios y tiempos de permanencia, evidenciando que el Canal Beagle constituye un área estratégica para su alimentación, gracias a la abundancia de langostilla y sardina fueguina, principales recursos que mantienen a estos animales meses en el lugar.
Los registros indican que la mayor concentración de ballenas ocurre entre febrero y junio, aunque los avistamientos se extienden desde noviembre hasta agosto, variando según las condiciones ambientales y la disponibilidad de alimento. Además, se han documentado casos de ejemplares habituados a la región, como Shimase, que visitó el área en ocho temporadas consecutivas, o Buddha, que volvió tras años sin verse.
Este retorno no solo implica un atractivo turístico o un avance en la investigación científica, sino que también es un indicador de recuperación ambiental. Las poblaciones de cetáceos habían sido diezmadas por la caza industrial durante décadas, pero las prohibiciones internacionales y esfuerzos de conservación han permitido revitalizar ecosistemas marinos como el del Canal Beagle.