Luiz Inácio Lula da Silva redobló su ofensiva política al acusar a Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, de cometer una «traición a la patria» en el marco de la contienda electoral brasileña. Esta denuncia forma parte de una estrategia para consolidar su ventaja electoral y aprovechar la creciente tensión entre Brasil y Estados Unidos.
La controversia saltó cuando Flavio mantuvo contactos con Donald Trump en Estados Unidos, quien elogió públicamente su figura de cara al futuro político del país. Sin embargo, Lula evitó confrontar directamente con el expresidente estadounidense y, en cambio, dirigió sus críticas hacia el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en medio de una disputa comercial que podría derivar en la imposición de aranceles del 25% sobre productos brasileños.
Este conflicto diplomático se ha utilizado dentro de Brasil como un argumento para defender la soberanía nacional y presentar a Lula como un líder que se enfrenta a presiones externas. La campaña oficialista busca transformar el tema comercial en un motivo de orgullo y resistencia frente a Estados Unidos.
Además de las tensiones internacionales, la campaña de Lula se apoya en un escándalo financiero que ha salpicado a Flavio Bolsonaro. La investigación judicial involucra al financista conocido como «Porcaro», vinculado al Banco Master, y se centra en presuntas transferencias irregulares destinadas a financiar un proyecto audiovisual relacionado con una biografía del expresidente Jair Bolsonaro. Estas acusaciones dañan la imagen del dirigente conservador y fortalecen la posición de Lula en las encuestas.
Las filtraciones de Intercept Brasil, con mensajes entre Flavio y personas vinculadas a la causa judicial, incrementan la presión mediática sobre la familia Bolsonaro, mientras las encuestas reflejan una ventaja clara para Lula, quien lideraría la primera vuelta y también una eventual segunda vuelta de las elecciones.