La demolición de una casona centenaria en San Luis al 500 marcó la pérdida de una de las últimas muestras de arquitectura vernácula en Concordia. La propiedad, con más de 150 años de historia artesanal, fue demolida para dar paso a la construcción de un edificio en altura, proyecto impulsado por la Mutual del Personal Argentino de Salto Grande tras comprar el terreno al jugador de fútbol Marcos Senesi.
Este plan urbanístico recibió luz verde a través de una excepción al Código de Ordenamiento Urbano y Territorial, a pesar de la oposición expresada por el Consejo Asesor de Planeamiento y el Consejo Asesor de Patrimonio, que alertaron sobre el impacto patrimonial y urbanístico negativo. La casona, caracterizada por sus paredes de barro y techo de tejas, tenía un fragmento de su fachada original que se pretendía conservar, pero el avance de las obras genera dudas sobre su preservación efectiva.
Según fuentes vinculadas a la conservación del patrimonio, el sector remanente podría ser destinado a albergar una Subestación Transformadora eléctrica necesaria para el nuevo edificio, lo que complicaría aún más su mantenimiento. Además, se reconoce que las tareas de excavación y movimiento de suelo podrían provocar el derrumbe de este vestigio arquitectónico. La preocupación no es solo por la pérdida histórica, sino también por las consecuencias urbanísticas: la edificación de doce pisos ocupará casi toda la parcela, sin dejar retiros ni espacios abiertos que favorezcan la ventilación, iluminación natural y drenaje de aguas pluviales.
Este caso refleja una tendencia creciente en la ciudad donde las excepciones urbanísticas se han vuelto habituales y forman parte de un conflicto entre la conservación patrimonial y los intereses inmobiliarios. Proyectos similares avanzan regularmente a pesar de informes técnicos en contra y resistencia vecinal, evidenciando un debate sobre el desarrollo urbano y el respeto al legado histórico en Concordia.