Villa Mailín se transformó nuevamente en el centro espiritual de Santiago del Estero, al recibir a una multitud de peregrinos provenientes de distintos puntos del país, unidos por la devoción al Señor de los Milagros. Hombres, mujeres y familias enteras emprendieron su camino hacia el santuario, a pie o en vehículos, con el propósito común de agradecer, pedir y reafirmar su fe en una tradición que se mantiene viva generación tras generación.
La procesión hacia el Árbol Santo fue uno de los momentos más conmovedores de la celebración. La imagen sagrada recorrió las calles del pueblo acompañada por una multitud que expresaba su cariño con cantos, oraciones y lágrimas, que reflejaban un profundo vínculo espiritual. A través del grito unánime de «¡Viva el Señor de los Milagros de Mailín!», la comunidad manifestó su fervor y esperanza.
Bajo el lema «Señor de Mailín: fuerza, esperanza y vida», las actividades litúrgicas, que incluyeron misas y novenas, generaron un ambiente de comunión que trascendió a toda la localidad. En cada rincón, la solidaridad y la fe se hicieron palpables, inspirando a los participantes a renovar su compromiso espiritual. Historias de sacrificio y amistad, como la de los hermanos Leguizamón que recorrieron varios kilómetros a pie junto a un amigo, ilustran el significado profundo de esta peregrinación.
Esta celebración no solo reaviva la devoción a una figura central para el norte argentino, sino que también reafirma la identidad religiosa que distingue a Santiago del Estero. En tiempos marcados por dificultades, la multitud congregada en Mailín evidencia que la fe popular sigue siendo un motor capaz de movilizar y unir a la comunidad en torno a sus creencias más arraigadas.