Frente a una realidad preocupante, con altas tasas de pobreza infantil y un desempleo creciente, el peronismo debate la necesidad de un proyecto político que recupere un modelo de desarrollo industrial que garantice empleo, fortalezca el mercado interno y reduzca la dependencia financiera del exterior.

Los distintos sectores sindicales y políticos que forman parte de este espacio recurren a experiencias históricas, desde la Constitución de 1949 y los planes quinquenales de Juan Domingo Perón, hasta programas emblemáticos de la CGT y la última década de los Kirchner, para fundamentar un programa que ponga en el centro la independencia económica, la soberanía política y la redistribución de la riqueza.

Hugo “Cachorro” Godoy, referente de la CTA Autónoma, sostiene que el futuro debe basarse en un modelo productivo que universalice derechos, establezca salarios mínimos dignos y reduzca las jornadas laborales para crear más empleos formales. Además, plantea la consolidación de incentivos para la economía popular, cooperativa y social, como claves para un proyecto inclusivo.

Un punto crítico del debate es la marcada concentración demográfica y económica: casi la mitad de la población argentina reside en apenas el 1% del territorio nacional. Para revertir esta situación, se propone promover el desarrollo de nuevas ciudades y polos productivos en regiones vinculadas a la agricultura y otras economías regionales.

La decisión del gobierno actual de liberalizar importaciones de productos básicos, como papa, arroz, leche y carne de cerdo, generó preocupación en productores y dirigentes rurales. Denuncian que estas políticas afectan a las pequeñas y medianas empresas provinciales, poniendo en riesgo la producción local en vastas áreas productivas.

En este sentido, Pedro Peretti, exdirector de Federación Agraria, advierte que estas medidas recuerdan las políticas privatizadoras de los años noventa, cuando miles de productores familiares quebraron y grandes extensiones de tierra fueron rematadas. Propone reforzar la producción familiar, las pymes rurales y los cinturones hortícolas como estrategia para sostener el abastecimiento y el empleo en el interior.

El rechazo a importar alimentos en un país tradicionalmente productor y exportador de alimentos vuelca la discusión hacia un modelo que combine soberanía alimentaria con sostenibilidad regional. Este desafío es parte de un debate más amplio que el peronismo deberá definir si aspira a volver a liderar el poder político.