Durante siglos, las palomas se han destacado por su extraordinaria capacidad para orientarse y regresar a sus hogares desde grandes distancias. Sin embargo, el mecanismo exacto que les permite detectar el campo magnético de la Tierra siempre fue un misterio. Ahora, un equipo de científicos de diversas disciplinas informó que la clave de esta habilidad está en su hígado, donde poseen sensores magnéticos especializados.
La investigación, realizada por expertos del Instituto de Medicina Molecular e Inmunología Experimental de la Universidad Hospital Bonn y el Max Planck Institute of Animal Behavior, combinó estudios de laboratorio con pruebas de comportamiento en palomas entrenadas. Se identificó que las células inmunitarias llamadas macrófagos hepáticos acumulan nanopartículas de óxido de hierro con propiedades magnéticas que funcionan como una brújula interna.
Estas células, encargadas de descomponer glóbulos rojos antiguos, concentran en el hígado una cantidad significativamente mayor de hierro que en otros órganos relacionados con la orientación animal, como el pico o el cerebro. Este mineral se cristaliza en nanopartículas superparamagnéticas, que hacen a los macrófagos reactivos al campo magnético terrestre.
Para validar esta función, los expertos realizaron experimentos con palomas que regresaban desde más de veinte kilómetros a su aviario. Al eliminarles los macrófagos hepáticos, las aves perdieron la capacidad de orientarse en días nublados, cuando no podían usar la luz solar como referencia, aunque seguían encontrando el camino bajo luz solar. Esto confirma que la orientación magnética y visual actúan de manera complementaria.
El estudio también utilizó técnicas avanzadas como la microscopía electrónica para examinar la conexión entre los macrófagos en el hígado y el sistema nervioso central, buscando explicar cómo la información magnética se transmite al cerebro para guiar el vuelo de las palomas. Este descubrimiento representa un cambio importante en el conocimiento sobre la percepción magnética en aves y otros animales, desafiando la idea previa de que solo órganos como los ojos o el pico eran responsables de esta función.