La economía argentina vive una acelerada transformación hacia la digitalización de los pagos, donde el efectivo pierde protagonismo frente a las herramientas financieras electrónicas. Según un informe de COELSA, por cada peso que circula en formato físico, se procesan 2,35 pesos por medios digitales, reflejando un cambio profundo en los hábitos de consumo y manejo del dinero.

La cantidad de cuentas digitales supera los 339 millones en el país, con un fuerte crecimiento durante los primeros meses del año al abrirse 17,8 millones de nuevas cuentas, de las cuales 2,8 millones están denominadas en dólares. Este aumento es impulsado por usuarios que prefieren la rapidez, comodidad y menores costos operativos que brindan estas plataformas.

Los pagos con códigos QR se consolidan como método preferido para las transacciones cotidianas. Entre enero y abril se realizaron 931 millones de operaciones por esta vía, lo que significa un incremento anual del 70%. El ticket promedio en abril alcanzó los $24.346, señal de que este sistema no solo facilita micropagos, sino que también se emplea en consumos de mayor valor.

La adopción masiva de estas tecnologías se observa especialmente entre jóvenes de la Generación Z y millennials, quienes abrieron siete de cada diez nuevas cuentas digitales. Las transferencias inmediatas acompañan este fenómeno, con un aumento superior al 15% en el primer cuatrimestre y un promedio de 16 movimientos mensuales por usuario.

En el sector empresarial, el cheque electrónico (E-CHEQ) logra un fuerte posicionamiento. Durante los primeros meses del año se emitieron cerca de 12 millones de cheques digitales, que ya representan el 61% del total presentado para cobro. Más de 143.000 compañías utilizan esta modalidad, la cual permite ahorrar en costos de gestión y reducir el uso de papel.

El avance de la infraestructura tecnológica, la interoperabilidad entre plataformas y la mejora en los sistemas de seguridad serán decisivos para sostener este crecimiento y consolidar la economía digital en Argentina, que redefine la relación entre consumidores, empresas y el sistema financiero.