Los precios de los alimentos registraron en abril un aumento moderado, significativamente inferior al de otros sectores como combustibles y servicios públicos. Este comportamiento inflacionario más bajo en el rubro alimenticio ayudó a estabilizar el Índice de Precios al Consumidor (IPC), un alivio para la economía y el bolsillo de los ciudadanos.

Además, esta situación reafirmó la decisión oficial de no modificar la canasta utilizada para el relevamiento de precios, ya que los servicios públicos tienen una menor ponderación en la canasta vigente en comparación con versiones anteriores, y la participación de alimentos había estado sobreestimada, lo que redujo la presión sobre el IPC.

En relación con la canasta básica alimentaria, el incremento en su costo fue más lento que el del IPC general, lo que representa un alivio para las familias, en particular para quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Según la última medición, una familia tipo necesita alrededor de $665.000 para cubrir una dieta adecuada. A pesar de esta mejora, una parte de la población permanece por debajo de la línea de indigencia, aunque este porcentaje ha disminuido en los últimos años.

Un factor clave en esta dinámica fue el comportamiento del precio de la carne vacuna. Tras meses de fuertes subas que impactaron en la inflación, en abril experimentó una leve caída. Este cambio está vinculado con una disminución en la oferta para faena, ya que los ganaderos decidieron retener animales para reconstruir el stock debido a los precios favorables.

El mercado de hacienda reflejó esta tendencia, con un incremento en el valor del novillito producto de la menor oferta. La rentabilidad del engorde aumentó gracias a la reducción en los costos del maíz, impulsada también por una buena campaña agrícola que anticipa un volumen de producción favorable para este año.

En conjunto, estas condiciones contribuyeron a la estabilización del precio de la carne y, por extensión, de la canasta alimentaria, suavizando la presión inflacionaria. Esta evolución promueve un escenario más equilibrado en el consumo y la economía doméstica para los próximos meses, aunque el contexto sigue requiriendo monitoreo constante.