Una serie de ataques con drones de largo alcance dejaron al menos seis muertos y decenas de heridos en Ucrania, en lo que se considera uno de los asaltos más grandes y sostenidos desde el inicio de la guerra. Rusia desplegó al menos 800 drones en varias oleadas que impactaron particularmente en el oeste del país, afectando zonas residenciales y civiles.

Las autoridades ucranianas reportaron que las defensas aéreas lograron derribar más de 700 drones entre la mañana y la tarde, pero los que no fueron interceptados cayeron en al menos 26 puntos. Las regiones afectadas incluyeron ciudades clave como Dnipró, Járkiv, Odessa y Poltava, provocando un panorama de daños materiales y pérdidas humanas, con niños entre los heridos.

Este ataque se produjo en un contexto geopolítico sensible, coincidiendo con la visita del expresidente estadounidense Donald Trump a China. El mandatario ucraniano Volodímir Zelenski advirtió que la intención de Moscú es tanto desestabilizar a Ucrania como atraer atención internacional a su favor mediante actos de agresión. Además, señaló que Rusia podría incluir misiles en ofensivas futuras y que ha modificado su patrón de ataque para incluir lanzamientos masivos durante el día, no solo de noche.

Zelenski subrayó la necesidad de fortalecer las defensas antiaéreas ucranianas, reiterando el pedido a la comunidad internacional para acelerar los acuerdos y la provisión de equipamiento militar. Según el presidente, solo una respuesta coordinada y contundente podrá frenar los ataques y obligar a Rusia a cesar la guerra.

En este contexto, el jefe de Estado también destacó que el objetivo de Rusia parece ser agotarse las reservas de munición de Ucrania. Hizo un llamado a no minimizar el conflicto, ya que el silencio internacional podría incentivar a Moscú a intensificar su violencia.