La histórica reunión entre Donald Trump y Xi Jinping en Pekín se destacó por un tono de acercamiento tras meses de tensiones geopolíticas y comerciales entre las dos principales potencias mundiales. En el Gran Salón del Pueblo, ambos líderes buscaron proyectar una imagen de cooperación pese a las diferencias que persisten en temas clave como Taiwán, Irán y el equilibrio global de poder.

La ceremonia de bienvenida, que contó con la presencia de grupos escolares ondeando banderas de ambos países, fue un gesto simbólico de distensión. Trump manifestó admiración por la organización del evento, calificando la recepción como un honor y resaltando la emotividad del encuentro con los niños chinos. Durante la jornada, los mandatarios compartieron una reunión privada de más de dos horas y un banquete de Estado, en los que resaltaron la necesidad de trabajar juntos.

El presidente chino enfatizó ante empresarios, funcionarios y miembros de ambas delegaciones que China y Estados Unidos deben dejar de ser rivales para convertirse en socios. Destacó que la cooperación no solo favorece a ambas naciones sino que también contribuye a la estabilidad mundial. Xi Jinping instó a fortalecer el respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la colaboración beneficiosa para ambas partes, insistiendo en que la relación bilateral es crucial para la economía y la seguridad global.

Por su parte, Trump elogió a Xi y calificó el vínculo entre ambos países como “una de las relaciones más importantes de la historia”. Además, anunció la invitación formal para que el presidente chino y su esposa visiten Washington y la Casa Blanca en septiembre, subrayando que esperan un futuro “fantástico” juntos.

Entre los temas sensibles que abordaron, destacó el conflicto en Medio Oriente y el papel de Irán, donde Xi se ofreció a colaborar para evitar una escalada militar, según detalló Trump en una entrevista posterior. Este gesto refleja la intención de ambos mandatarios de manejar con mayor diálogo algunas urgencias globales.