La reciente normalización de relaciones entre Estados Unidos e Irán modificó de forma significativa la dinámica internacional, provocando una reducción en el precio del petróleo que tendrá repercusiones directas sobre la economía argentina. Esta situación revertirá el ciclo que empezó con el conflicto bélico, cuando la suba del crudo favoreció la entrada de dólares al país, impulsando el dólar y la inflación en paralelo.
Durante la tensión entre ambas potencias, Argentina experimentó una mejora en sus términos de intercambio, con un incremento en los ingresos de divisas extranjeras y acumulación de reservas en el Banco Central sin expansión monetaria. Este fenómeno confirmó la capacidad del país para aprovechar situaciones adversas del exterior. Sin embargo, con el acuerdo de paz, se espera que el flujo de dólares disminuya, generando un encarecimiento del dólar y una desaceleración en la inflación local.
El mercado ya anticipó este cambio y la cotización del dólar inició un aumento hacia niveles aproximados de $1.500. La combinación del Mundial de fútbol y mayor turismo incrementará la demanda de dólares, generando un nuevo equilibrio que seguirá la evolución inflacionaria. Se proyecta para 2026 una inflación alrededor del 24% anual, mientras que la cotización oficial del dólar podría mantenerse en márgenes similares, contrastando con escenarios anteriores donde la depreciación y la inflación crecían en simultáneo.
Los instrumentos financieros reflejan este panorama: los bonos ajustados por inflación ofrecen rendimientos de inflación más un 7% anual, y los vinculados al dólar ofrecen una tasa similar al tipo de cambio mayorista más un 7,6%, ambos vencen tras el acto electoral, lo que sugiere que a largo plazo la inflación podría superar la suba del dólar, mientras que en el corto plazo la tendencia se invierte.
En el plano internacional, la Reserva Federal estadounidense se encuentra en transición, con un nuevo presidente en busca de un relato distinto para la política monetaria, sin indicios inmediatos de reducción en las tasas de corto plazo. La caída reciente en los precios del oro, plata y Bitcoin anticipa una mayor estabilidad financiera global, mientras que la emisión de nuevas acciones en Estados Unidos permanece sin alterar la liquidez del sistema.
Para Argentina, el año 2026 está cerrado en términos de financiamiento. De cara a 2027, hay expectativas positivas para renovar los repo emitidos, acceder a créditos con respaldo de organismos internacionales y avanzar en la renovación de la deuda con el FMI mediante un nuevo programa. Estos elementos serán fundamentales para sostener la estabilidad financiera y responder a los vaivenes del ciclo económico global.