Un ataque masivo de Rusia golpeó Kiev, causando la muerte de cuatro personas y dejando decenas de heridos, en uno de los episodios más intensos desde el inicio del conflicto. Entre los proyectiles empleados, se confirmó la utilización del misil hipersónico Oreshnik, un armamento capaz de portar ojivas nucleares, lo que generó fuertes críticas internacionales y alertas sobre la escalada del conflicto.

Durante la madrugada, se escucharon múltiples explosiones en la capital ucraniana mientras se desplegaban cerca de 600 drones y 90 misiles, según informó la Fuerza Aérea de Ucrania. Los sistemas antiaéreos lograron interceptar una gran parte de los ataques, derribando 549 drones y 55 misiles. Sin embargo, la capacidad destructiva alcanzó numerosos objetivos civiles, desde viviendas hasta establecimientos educativos y culturales.

El alcalde de Kiev reportó dos fallecidos en la ciudad, mientras que otras dos personas murieron en la región. Los daños afectaron edificios residenciales, comercios, escuelas y centros culturales, cuyos equipos de emergencia trabajaron durante horas para controlar incendios y remover escombros. El presidente Volodimir Zelenski denunció que el misil Oreshnik impactó una instalación en Bila Tserkva, en la periferia, y calificó el uso de estas armas como una «locura».

El Kremlin justificó el lanzamiento del Oreshnik como respuesta a ataques ucranianos contra infraestructuras en territorio ruso, asegurando que sus objetivos eran puestos de comando y servicios de inteligencia, y negando ataques contra civiles. Sin embargo, autoridades ucranianas destacaron que los bombardeos causaron heridos en varias regiones, incluyendo Járkov, Cherkasi y Dnipropetrovsk.

La reacción internacional fue inmediata. Líderes europeos denunciaron la acción como una “escalada temeraria” y una estrategia de intimidación política. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, condenó el terror contra civiles y la describió como un signo de desesperación de Moscú. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, y mandatarios de Alemania, Italia y Francia coincidieron en repudiar el uso de este misil y los ataques masivos contra instalaciones civiles.

El ataque del fin de semana se produce en medio de tensiones crecientes tras amenazas de Putin relacionadas con represalias por un ataque ucraniano en territorios bajo ocupación. La escalada bélica alimenta la preocupación sobre el uso de armamento avanzado y los riesgos que ello implica para la región y la comunidad internacional.