La segunda vuelta presidencial en Colombia concluyó con la victoria de Abelardo de la Espriella, candidato de la derecha radical, frente al aspirante de izquierda Iván Cepeda. Según el conteo preliminar, De la Espriella obtuvo una ventaja mínima que ronda los 245.000 votos, en una contienda donde la participación superó el 63%. El abogado sumó más de 12,9 millones de votos, mientras que Cepeda alcanzó alrededor de 12,7 millones.
Este resultado refleja una profunda polarización social y política en el país, separando a la población casi de forma equitativa entre las dos propuestas. La jornada electoral transcurrió sin mayores incidentes, con más de 41 millones de colombianos habilitados para votar. La decisión final se anunciará tras el escrutinio total, aunque el vencedor asumirá formalmente el cargo el próximo 7 de agosto.
El presidente saliente, Gustavo Petro, quien respalda a Cepeda y su movimiento Pacto Histórico, manifestó su preocupación por «numerosas irregularidades» en la votación y pidió impugnar mesas que carecieran de la firma de los jurados. Por su parte, De la Espriella, del movimiento ultraderechista Defensores de la Patria, celebró su victoria con un mensaje de derrota al «régimen» actual y esperanza en un cambio político. Ambos candidatos expresaron su confianza y convocaron a sus seguidores a mantener la calma mientras se concluye el conteo.
La primera vuelta, realizada semanas antes, ya había mostrado un claro pulso entre estas dos fuerzas políticas. De la Espriella lideró entonces con una ventaja relativa sobre Cepeda, reafirmando su preferencia en varias regiones del país, mientras que Cepeda consolidó el apoyo en sectores izquierdistas ligados al actual gobierno.
Durante la jornada, Cepeda votó en la capital bajo los aplausos de sus seguidores y acompañado por figuras políticas de su coalición. De la Espriella depositó su voto en la ciudad de Barranquilla, acompañado de su familia y muchos simpatizantes que corearon consignas a favor de su campaña y en contra del gobierno saliente.
El balotaje se convierte en un reflejo claro de la división ideológica que atraviesa a Colombia, con un futuro político incierto y una sociedad visiblemente fracturada. Mientras se esperan los resultados definitivos, ambos bandos reivindican la legitimidad de sus causas y llaman a la preservación de la estabilidad democrática en el país.