El feminismo en Argentina no se excedió en sus demandas, sino que enfrentó limitaciones importantes para desarrollarse plenamente en la última década, según explica Agustina Paz Frontera, escritora y activista feminista cofundadora de LatFem. Su análisis desmonta la idea extendida de que el feminismo haya sido excesivo o desmedido, y apunta a una consolidación insuficiente frente a los desafíos políticos y sociales.

Frente a la percepción de algunos sectores que el movimiento feminista se “pasó tres pueblos”, Frontera sostiene que ese juicio responde en realidad a una versión suavizada y conveniente del feminismo que predominó en ciertos momentos por razones estratégicas. Estas versiones moderadas facilitaron alianzas con medios y fuerzas políticas que limitaron la potencia plena del movimiento y su capacidad de transformación.

Además, la escritora detalla que el movimiento feminista en Argentina fue utilizado como un chivo expiatorio para justificar fracasos y retrocesos de gobiernos progresistas, particularmente en un contexto donde el peronismo adoptó un operativo político que vinculó a la agenda feminista con la pérdida de votos. Esta estrategia, consciente y deliberada, impulsó el crecimiento del antifeminismo desde sectores conservadores y de derecha radical.

En su libro ¿Demasiado feminismo?, Frontera examina cómo la irrupción del feminismo en el Estado y la política oficial durante los últimos años fue breve e insuficiente, frenada por factores internos y externos que incluyen la burocracia estatal, la lógica del sistema de partidos y la inestabilidad política nacional y regional. Según ella, el tiempo fue demasiado limitado para aprovechar el potencial transformador que propone la teoría y praxis feminista.

El caso de la desaparición de su amiga Florencia Pennacchi, que motivó su activismo, le permitió a Frontera entender la importancia de la organización y la exigencia de reformas en las instituciones estatales. Esto la llevó a involucrarse en un análisis profundo del feminismo como movimiento político y cultural.

Finalmente, la autora subraya que la diversidad dentro del feminismo no siempre ha sido visible en los discursos públicos, donde una faceta más edulcorada y dominante ha generado la imagen pública más reconocible, excluyendo otras voces y reivindicaciones presentes en el movimiento.