El Gobierno lanzó un programa financiero orientado a disminuir la dependencia del mercado internacional, particularmente de Wall Street, y a manejar con mayor autonomía la deuda externa. Luis Caputo detalló que la estrategia pasa por refinanciar el capital hasta fines de 2027, asegurando el pago de intereses a partir del superávit fiscal generado.
Una de las claves del plan es reducir el cociente deuda-PBI para aliviar la carga financiera a largo plazo. Aunque colocar deuda en el mercado internacional continúa siendo una opción, el Ejecutivo promueve un esquema con múltiples alternativas que sabe que podía no emplear, pero permitirá actuar en caso de ser necesario. Además, la deuda local está mayormente concentrada en el sector privado y con vencimientos posteriores a 2027.
Caputo señaló que para 2026 el Tesoro enfrentará necesidades de financiamiento que incluyen pagos de capital, intereses y otras obligaciones, totalizando alrededor de 19.200 millones de dólares, y que para 2027 esta cifra ascenderá a 24.900 millones. En este marco, el excedente financiero previsto para 2026 será destinado a amortizar vencimientos de capital en 2027, lo que hará menos exigentes los compromisos del segundo año.
En el ámbito local, la estrategia buscará reducir las tasas de interés y el riesgo país, apoyándose en un orden macroeconómico estable que favorece el paso del tiempo. Para refinanciar deuda, se planea continuar con la utilización de instrumentos propios del mercado argentino, como los bonos Bonares y Globales, ajustándolos a la demanda y condiciones del mercado nacional.
El Gobierno no promete garantizar una calificación Investment Grade durante el segundo mandato del presidente, pero sí ha establecido ese objetivo como meta estratégica a largo plazo. Alcanzar ese nivel crediticio implicaría beneficios directos para toda la economía argentina, incluyendo mayores inversiones, menor prima de riesgo y un impulso al empleo.
Este programa financiero también contempla la obligación de mantener un superávit fiscal para el pago de intereses, contrarrestando potenciales shocks internacionales o internos mediante una gestión ordenada y múltiple de herramientas financieras. La prioridad consiste en lograr sostenibilidad y autonomía financiera sin depender exclusivamente de Wall Street, fortaleciendo el mercado vientre de inversión local y la confianza de actores privados.