Péter Magyar inició una nueva etapa política en Hungría al asumir como primer ministro, desplazando a Viktor Orbán tras más de una década y media en el poder. Su partido Tisza obtuvo una mayoría de dos tercios en el Parlamento, lo que le permitirá implementar reformas profundas en el sistema político e institucional del país.
Con un respaldo de 141 bancas de las 199 que componen el Parlamento, Magyar anunció que revisará los cambios y nombramientos efectuados en la administración anterior para restaurar controles institucionales y combatir la corrupción. Además, destacó la necesidad de avanzar en transparencia y fortalecer el Estado de derecho.
Durante la ceremonia de asunción en el Parlamento, rodeado por miles de seguidores en la plaza Kossuth, el nuevo primer ministro enfatizó que Hungría inicia “un nuevo capítulo” en su historia y llamó a la unidad nacional tras años de polarización política. También se comprometió a recomponer la relación con la Unión Europea, afectada durante la gestión de Orbán por tensiones vinculadas a cuestionamientos sobre la democracia y la gestión de fondos comunitarios.
Entre las prioridades de Magyar está la liberación de cerca de 17.000 millones de euros en fondos europeos bloqueados debido a problemas con el Estado de derecho y la transparencia administrativa. Esto representa un cambio significativo en la estrategia externa de Hungría, pues hasta ahora el gobierno había adoptado posturas críticas dentro de la Unión Europea, incluyendo en temas clave como el apoyo a Ucrania.
El nuevo líder, abogado y fundador del partido Tisza, de 45 años, accede al cargo con una plataforma que impulsa reformas institucionales, entre las que se incluye la creación de una oficina específica para investigar irregularidades en el manejo de fondos públicos. Este organismo buscará garantizar una mayor transparencia y fiscalización en la administración estatal.
Finalmente, Magyar subrayó que el cambio político debe ir acompañado de un proceso de reconciliación nacional. Afirmó ante el Parlamento que no puede haber justicia sin enfrentar el pasado, dando señales claras de una intención de transformación en el gobierno y la sociedad húngara tras años marcados por fuertes divisiones.
