Sergio Landoni no imaginó que su camino lo llevaría a convertirse en embajador del vino neuquino, una distinción que recibió en la Fiesta Nacional del Chef Patagónico. Su vínculo con el mundo vitivinícola nació de una curiosidad que creció durante años, acompañando silenciosamente su vida profesional dedicada a las telecomunicaciones en la vasta región patagónica.
Desde 1991, cuando dejó La Plata para instalarse en Roca, en el Alto Valle de Río Negro, Landoni tuvo su primer contacto real con el mundo del vino. Allí conoció a pequeños productores y viñedos históricos que despertaron su interés por entender por qué algunos vinos transmiten el paisaje, el clima y las historias de su lugar de origen. Más tarde, su traslado a San Martín de los Andes marcó una elección de vida definitiva vinculada con la montaña, el sur y una forma distinta de entender el tiempo y el territorio.
Mientras cumplía funciones que lo llevaron a recorrer la Patagonia en helicóptero y transitar caminos remotos, Landoni fue acumulando experiencias y encuentros con distintas formas de vida regionales. Esa vida de campo, asados y paisajes amplios también moldeó su mirada hacia el vino patagónico.
En San Martín, su lazo con la cultura vitivinícola se profundizó gracias a las invitaciones a degustaciones y encuentros con bodegueros. El contacto frecuente con productores y etiquetas locales activó una nueva etapa en su carrera. A nivel formativo, complementó ese interés con estudios relacionados con comercio exterior y exportación agroalimentaria, en un programa que vinculaba Neuquén con Italia, lo que le permitió comprender el potencial internacional de las bodegas patagónicas.
Su historia refleja un recorrido único: de recorrer kilómetros de rutas provinciales gestionando telecomunicaciones a convertirse en un sommelier del territorio, capaz de interpretar la complejidad del vino como reflejo del paisaje y la cultura neuquina.