El mercado cambiario argentino abrió la jornada con señales de estabilidad en el dólar oficial, que opera bajo un sistema de aumentos graduales controlados por el Banco Central. La cotización del dólar oficial en el Banco Nación se ubicó en $1.370 para la compra y $1.420 para la venta, ajustándose conforme a la política conocida como crawling peg, diseñada para evitar retrasos en el tipo de cambio durante el segundo trimestre del año.
Entretanto, el dólar tarjeta –referente para pagos y consumos en el extranjero– cerró cerca de $1.839,5, reafirmando su rol como referencia para el flujo de compras en moneda extranjera para individuos. Esta estabilidad en el dólar minorista se mantiene como el principal ancla para las expectativas inflacionarias y la fijación de precios internos.
En el segmento bursátil, tanto el dólar MEP como el contado con liquidación (CCL) mostraron poca volatilidad. El dólar MEP se negoció alrededor de $1.430, con una brecha reducida respecto al tipo de cambio oficial, mientras el dólar CCL cerró cerca de $1.485. Estos canales financieros suelen ser los preferidos para la gestión privada de carteras y operaciones corporativas, y su estabilidad responde en parte a la absorción de liquidez por parte del Tesoro y a las tasas de interés reales positivas vigentes.
Un factor decisivo en esta dinámica es el Riesgo País, que se situó en niveles cercanos a los 496 puntos básicos, un indicador que mide la percepción de riesgo soberano y que influencia directamente la confianza en los activos locales. La reducción gradual del Riesgo País contribuye a limitar las presiones cambiarias y favorece una curva de precios más estable tanto en los mercados oficiales como en los financieros.
En el circuito minorista, los principales bancos mostraron cotizaciones uniformes del dólar oficial, con precios que oscilaron principalmente entre $1.360 y $1.380 para la compra y entre $1.410 y $1.430 para la venta, reflejando la supervisión constante del Banco Central para mantener un tipo de cambio estable. Esta vigilancia evita movimientos erráticos y permite sostener el orden en la plaza cambiaria, factor clave para la estabilidad económica general.
