Durante una cumbre en Pekín, Donald Trump y Xi Jinping avanzaron en un acuerdo para mantener el Estrecho de Ormuz abierto al tránsito de hidrocarburos, evitando el cobro de peajes o bloqueos que puedan afectar el comercio energético mundial. Este compromiso responde a la necesidad de estabilizar el mercado petrolero en un contexto internacional marcado por la incertidumbre y las tensiones geopolíticas.

Además, ambas potencias declararon su postura conjunta contra la posesión de armas nucleares por parte de Irán, mostrando un interés común en limitar la proliferación atómica en la región. En una muestra de mutua colaboración, China expresó su intención de aumentar la compra de crudo estadounidense para disminuir su dependencia del petróleo proveniente del Golfo Pérsico, lo que podría modificar significativamente los flujos comerciales globales.

La conversación entre Trump y Xi también abordó con profundidad la situación en Ucrania y la península de Corea, dos focos internacionales que preocupan a ambas naciones. Aunque no se revelaron detalles específicos, el diálogo busca generar un marco estratégico que contribuya a contener los conflictos y evitar mayores escaladas.

Un aspecto destacado de la reunión fue la ausencia del tema Taiwán en el comunicado oficial de Estados Unidos, mientras que China sí incluyó referencias al asunto en su reporte. Este silencio relativo por parte de Washington muestra que, en esta ocasión, la prioridad se centró en acuerdos vinculados con la seguridad regional y la estabilidad energética, dejando en segundo plano las disputas territoriales históricas.