El yogur helado ha ganado popularidad y su consumo se ha incrementado notablemente en los últimos años, especialmente en Estados Unidos, donde la apertura de tiendas especializadas creció aproximadamente un 50%. Sin embargo, especialistas en salud nutricional alertan que esta tendencia no refleja necesariamente un beneficio para la salud, ya que el yogur helado no es inherentemente más saludable que el helado tradicional.
A diferencia del helado, que por regulación federal debe contener al menos un 10% de grasa y estar preparado con leche pasteurizada, el yogur helado presenta una composición variable que puede contener entre un 3% y 4% de grasa o menos en sus versiones descremadas. Este producto incorpora un lácteo fermentado como yogur o leche cultivada, junto con azúcar y saborizantes. La fermentación aporta microbios vivos que transforman el azúcar en ácido láctico, generando su particular sabor ácido.
La diferencia principal radica en el contenido de grasas saturadas y calorías: el yogur helado suele tener menos de ambos, pero también puede contener incluso más azúcares añadidos que el helado tradicional. Expertos consultados señalan que, en última instancia, la cantidad de azúcar y los ingredientes adicionales presentes en estas golosinas son factores más determinantes para evaluar su impacto en la salud que la simple comparación de grasas o calorías.
Estudios e informes de entidades como la Asociación Americana del Corazón insisten en que el consumo elevado de azúcares añadidos y grasas saturadas incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Las recomendaciones sugieren limitar la ingesta diaria de azúcares a menos de 25 gramos para mujeres y 36 gramos para hombres, pero el consumo frecuente de estos postres podría superar esos límites fácilmente.
Desde la Escuela de Salud Pública de Harvard también advierten que el exceso de azúcares simples, común en alimentos ultraprocesados, se vincula con un mayor riesgo de desarrollar resistencia a la insulina y diabetes tipo 2. Aunque algunos yogures helados contienen probióticos beneficiosos, estos no compensan el daño potencial causado por los altos niveles de azúcar, sobre todo si se utilizan como sustitutos regulares del yogur natural sin endulzar.
Por lo tanto, el consumo moderado y el control de las porciones son fundamentales para minimizar los efectos negativos de estos postres. La elección entre yogur helado y helado tradicional debería considerar no solo la cantidad de grasa, sino también la presencia de azúcares y otros ingredientes añadidos que pueden impactar en la salud a largo plazo.